De la pobreza de nuestra Guatemala...
Creo que hay pocas cosas que me impacten tanto como la pobreza.
El haber nacido en el Xela de mis amores, me dio la oportunidad de convivir con una enorme diversidad, entre indígenas y ladinos, entre ricos y pobres. Al haber nacido en un hogar humilde, en el que a Dios Gracias siempre tuvimos la oportunidad de cubrir nuestras necesidades básicas y algo más, me dio la oportunidad de estar cerca de gente pobre, aunque no miserable y me dio la oportunidad de querer y admirar a los que no lo eran y que no les importó el que yo lo fuera para tenderme la mano y regalarme su amistad.
Guatemala, es un país de grandes empresarios, sin duda, hay familias que a través de la creación de empresa y generación de empleo le han regalado mucho a nuestro país. Pero no han tenido la oportunidad de sacar a muchos guatemaltecos de la miseria.
Mi madre fue maestra de educación primaria en una escuela pública de un pedazo de cielo llamado Cantel, un pequeño pueblo que queda en las afueras de Quetzaltenango y ella sí que estuvo en contacto con la miseria.
Vivimos en un barrio de Xela, en donde junto a algunas otras familias que tenían la suerte de tener nuestro nivel económico y más, tuvimos la oportunidad de convivir con gente que también vive muy cerca de la miseria.
Mis padres, me enseñaron a tratar a todos por igual y mi esposa me lo recuerda a cada momento. Mis padres han sido queridos y respetados por ese barrio, siempre han tenido un poco de sombra y comida para quien la busca y muchas veces han regalado algo de lo que créanme no les sobra, algunas veces les falta.
Quisiera contar algunos de los contactos que tuve con la miseria.
Nunca olvidaré una tarde, en que mi madre me llevó con el dentista de la clínica comunal de Cantel, para ahorrarnos un poco de la plata que habría que pagarle a un dentista privado. Esa tarde, el señor del bus que la llevaba todos los días al trabajo me llevó hasta la escuela de mi madre. Almorzamos en la casa de una familia de Cantel. Era una covachita de adobe, como la mayoría de los hogares de nuestros indígenas, era una casa de una sola pieza, todo olía a humo, al igual que huelen nuestros indígenas. La razón es que cocinan con leña en la misma pieza en donde duermen. Había una mesa de cuatro sillas de pino y un mantel plástico de estos que tienen impresos adornos de frutas, los de las casas de los pobres. Una señora con una magia especial nos sirvió el almuerzo, he olvidado pedirle a mi madre que me recuerde el nombre.
Estos indígenas pobres, son personas muy bien educadas, saludan con un gran señorío a sus visitantes y tienen un enorme corazón. He tenido la suerte de conocer a varios.
En cuanto a la comida, estuvo espectacular, era un pollo en un recado café, con un arroz riquísimo con zanahoria picada y arbejas, acompañadas de unos tamalitos de maíz de estos que se preparan en las regiones indígenas de nuestro país, envueltos en hojas de milpa, delicioso…
Nunca voy a olvidar esa tarde con mi madre, era una tarde de las frías que hacen en Cantel…a las 4 de la tarde alrededor había una neblina espesa.
Después de la visita con la dentista (creo que era mujer) regresamos en un bus extra urbano a Xela.
Tengo todas las imágenes del almuerzo presentes…tendría más o menos 10 años y jamás lo he olvidado, la calidez de nuestra anfitriona indígena, la alegría de la compañía de mi madre y la duda de qué hará esta gente por las noches sin televisión…jamás lo olvidaré.
Siempre que atravieso una de estas aldeas como Cantel y veo a estos niños indígenas jugar con una pelota hecha con cualquier cosa, trapos, papel y con mucha suerte, plástico, me vienen a la mente imágenes de aquella tarde y pienso, yo me la pasé muy bien, seguramente ellos deben de ser muy felices, tienen la suerte de poder jugar con una pelota de cualquier cosa y no sentir la necesidad de que sea Nike, por ejemplo, pero su felicidad es muy volátil, el quiebre ni si quiera creo que sea la educación, probablemente ni el alimento, crecerán con cierto nivel de desnutrición pero crecerán, jamás probarán lo que es un Whoper acompañados por una Pepsi, a menos que alguien se los regale (y no sé si ese regalo les hará un daño en lugar de un bien, digo, al crearles la necesidad), pero tendrán algo de maiz, frijol y con suerte arroz para comer.
Su felicidad se quiebra ante la enfermedad, al no tener acceso al sistema patético de salud de nuestro país, podrán morir hasta de una gripe o un resfriado y hemos llegado al colmo de verlos como seres diferentes que sufrirán ante la muerte de un hijo con un nivel de sufrimiento diferente al nuestro, porqué? Si ellos sufren igual…
He decidido ir escribiendo durante las próximas semanas más de mis encuentros con la miseria, tengo que confesar que aunque han sido tristes, me han dejado una bonita huella, claro está, no soy yo el que vive en esa miseria.
Es la pobreza de nuestro país, quizás lo que más me inspiró a escribir este blog, al darme cuenta de la cantidad de dinero que los partidos en contienda estaban gastando en sus campañas, con propuestas demagógicas y sin una propuesta clara de desarrollo sostenible y de escape de la miseria.
Y regresando al Cantel de mi madre, he decidido empezar a escribir sobre la pobreza de nuestro pueblo, después de casualmente leer la columna en Prensa Libre del señor Haroldo Shetemul, nacido precisamente en Cantel, en donde habla de la publicación del Instituto Nacional de Estadística sobre la Encuesta Nacional Sobre Condiciones de Vida llevada a cabo en el 2006 y publicada hace dos semanas.
Les dejo un adelanto.
El 51% de los guatemaltecos viven debajo de la línea de pobreza, 6.6 millones de guatemaltecos que viven 30 días con Q264.00 con los que deben pagar casa, darle de comer a sus familias, vestirlas, darles medicinas cuando las necesitan, proporcionarles estudio, pagarles el transportes y DARLES ENTRETENIMIENTO…IMPOSIBLE¡¡¡
Durante las próximas semanas iré construyendo sobre la columna del señor Haroldo Shetumul, sobre mis encuentros con la pobreza y sobre como esa pobreza nos afecta y nos hace tener al presidente que merecemos.
Creo en la economía de libre mercado, creo en la mayoría de los empresarios guatemaltecos y creo en la grandeza de nuestra Guatemala, que ha sobrevivido a una historia de pobreza a base de talento y fuerza de grandeza.
El haber nacido en el Xela de mis amores, me dio la oportunidad de convivir con una enorme diversidad, entre indígenas y ladinos, entre ricos y pobres. Al haber nacido en un hogar humilde, en el que a Dios Gracias siempre tuvimos la oportunidad de cubrir nuestras necesidades básicas y algo más, me dio la oportunidad de estar cerca de gente pobre, aunque no miserable y me dio la oportunidad de querer y admirar a los que no lo eran y que no les importó el que yo lo fuera para tenderme la mano y regalarme su amistad.
Guatemala, es un país de grandes empresarios, sin duda, hay familias que a través de la creación de empresa y generación de empleo le han regalado mucho a nuestro país. Pero no han tenido la oportunidad de sacar a muchos guatemaltecos de la miseria.
Mi madre fue maestra de educación primaria en una escuela pública de un pedazo de cielo llamado Cantel, un pequeño pueblo que queda en las afueras de Quetzaltenango y ella sí que estuvo en contacto con la miseria.
Vivimos en un barrio de Xela, en donde junto a algunas otras familias que tenían la suerte de tener nuestro nivel económico y más, tuvimos la oportunidad de convivir con gente que también vive muy cerca de la miseria.
Mis padres, me enseñaron a tratar a todos por igual y mi esposa me lo recuerda a cada momento. Mis padres han sido queridos y respetados por ese barrio, siempre han tenido un poco de sombra y comida para quien la busca y muchas veces han regalado algo de lo que créanme no les sobra, algunas veces les falta.
Quisiera contar algunos de los contactos que tuve con la miseria.
Nunca olvidaré una tarde, en que mi madre me llevó con el dentista de la clínica comunal de Cantel, para ahorrarnos un poco de la plata que habría que pagarle a un dentista privado. Esa tarde, el señor del bus que la llevaba todos los días al trabajo me llevó hasta la escuela de mi madre. Almorzamos en la casa de una familia de Cantel. Era una covachita de adobe, como la mayoría de los hogares de nuestros indígenas, era una casa de una sola pieza, todo olía a humo, al igual que huelen nuestros indígenas. La razón es que cocinan con leña en la misma pieza en donde duermen. Había una mesa de cuatro sillas de pino y un mantel plástico de estos que tienen impresos adornos de frutas, los de las casas de los pobres. Una señora con una magia especial nos sirvió el almuerzo, he olvidado pedirle a mi madre que me recuerde el nombre.
Estos indígenas pobres, son personas muy bien educadas, saludan con un gran señorío a sus visitantes y tienen un enorme corazón. He tenido la suerte de conocer a varios.
En cuanto a la comida, estuvo espectacular, era un pollo en un recado café, con un arroz riquísimo con zanahoria picada y arbejas, acompañadas de unos tamalitos de maíz de estos que se preparan en las regiones indígenas de nuestro país, envueltos en hojas de milpa, delicioso…
Nunca voy a olvidar esa tarde con mi madre, era una tarde de las frías que hacen en Cantel…a las 4 de la tarde alrededor había una neblina espesa.
Después de la visita con la dentista (creo que era mujer) regresamos en un bus extra urbano a Xela.
Tengo todas las imágenes del almuerzo presentes…tendría más o menos 10 años y jamás lo he olvidado, la calidez de nuestra anfitriona indígena, la alegría de la compañía de mi madre y la duda de qué hará esta gente por las noches sin televisión…jamás lo olvidaré.
Siempre que atravieso una de estas aldeas como Cantel y veo a estos niños indígenas jugar con una pelota hecha con cualquier cosa, trapos, papel y con mucha suerte, plástico, me vienen a la mente imágenes de aquella tarde y pienso, yo me la pasé muy bien, seguramente ellos deben de ser muy felices, tienen la suerte de poder jugar con una pelota de cualquier cosa y no sentir la necesidad de que sea Nike, por ejemplo, pero su felicidad es muy volátil, el quiebre ni si quiera creo que sea la educación, probablemente ni el alimento, crecerán con cierto nivel de desnutrición pero crecerán, jamás probarán lo que es un Whoper acompañados por una Pepsi, a menos que alguien se los regale (y no sé si ese regalo les hará un daño en lugar de un bien, digo, al crearles la necesidad), pero tendrán algo de maiz, frijol y con suerte arroz para comer.
Su felicidad se quiebra ante la enfermedad, al no tener acceso al sistema patético de salud de nuestro país, podrán morir hasta de una gripe o un resfriado y hemos llegado al colmo de verlos como seres diferentes que sufrirán ante la muerte de un hijo con un nivel de sufrimiento diferente al nuestro, porqué? Si ellos sufren igual…
He decidido ir escribiendo durante las próximas semanas más de mis encuentros con la miseria, tengo que confesar que aunque han sido tristes, me han dejado una bonita huella, claro está, no soy yo el que vive en esa miseria.
Es la pobreza de nuestro país, quizás lo que más me inspiró a escribir este blog, al darme cuenta de la cantidad de dinero que los partidos en contienda estaban gastando en sus campañas, con propuestas demagógicas y sin una propuesta clara de desarrollo sostenible y de escape de la miseria.
Y regresando al Cantel de mi madre, he decidido empezar a escribir sobre la pobreza de nuestro pueblo, después de casualmente leer la columna en Prensa Libre del señor Haroldo Shetemul, nacido precisamente en Cantel, en donde habla de la publicación del Instituto Nacional de Estadística sobre la Encuesta Nacional Sobre Condiciones de Vida llevada a cabo en el 2006 y publicada hace dos semanas.
Les dejo un adelanto.
El 51% de los guatemaltecos viven debajo de la línea de pobreza, 6.6 millones de guatemaltecos que viven 30 días con Q264.00 con los que deben pagar casa, darle de comer a sus familias, vestirlas, darles medicinas cuando las necesitan, proporcionarles estudio, pagarles el transportes y DARLES ENTRETENIMIENTO…IMPOSIBLE¡¡¡
Durante las próximas semanas iré construyendo sobre la columna del señor Haroldo Shetumul, sobre mis encuentros con la pobreza y sobre como esa pobreza nos afecta y nos hace tener al presidente que merecemos.
Creo en la economía de libre mercado, creo en la mayoría de los empresarios guatemaltecos y creo en la grandeza de nuestra Guatemala, que ha sobrevivido a una historia de pobreza a base de talento y fuerza de grandeza.

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